20/9/11

Álvaro Cuello y Jandrín, ¿por qué no?

Inicio desastroso de Liga, el peor en las tres últimas campañas en contraste con la trayectoria copera donde el equipo superó dos rondas por primera vez desde los tiempos de Luis Aragonés en el banquillo azul y competición en la que se enfrentará a un equipo de Champions o Europa League al quedar exento de la tercera eliminatoria. Incertidumbre en el oviedismo, la inseguridad defensiva mata al colectivo y las dudas surgen al perder el furgón de cabeza. Dijo Pacheta que el equipo iría para arriba como un cohete tras sacudirse la presión por la primera victoria; ganar en el Cerro del Espino debe ser el punto de inflexión.

Más notas negativas que positivas, el equipo tiene pies de barro porque cada llegada rival prácticamente acaba en gol y siempre toca nadar contracorriente en el marcador; el desgaste es mayor y la dificultad máxima. El Real Oviedo debe volver a ser sólido en defensa para crecer como bloque, igual que hizo en los primeros meses de Pacheta al frente, cuando Aulestia encajó siete tantos en trece partidos. Los grandes se construyen desde atrás y el cuerpo técnico debe encontrar soluciones para que Jorge Rodríguez y Negredo vuelvan a su nivel o para que Juanpa alcance el que tuvo en Salamanca y Soria.

Los efectivos atrás son pocos, con la lesión de Juanma y su posterior recaída, el equipo queda en cuadro. Pacheta tiró de Álvaro Cuello como medida de emergencia para el lateral izquierdo aun siendo su posición natural la de central, y el chaval cumplió con creces. Seguro atrás, sin prodigarse en exceso al ataque pero sin errores de bulto y sobrio en el 1vs1 y con el balón en los pies; fue el mejor azul ante el Celta B y mantuvo el nivel ante el Salamanca en Copa del Rey a pesar de que un fallo suyo desencadenó en el empate charro. El pasado fin de semana se ausentó de la victoria ante el filial colchonero para jugar con el Vetusta, pero volverá a la lista ante La Roda dada la nueva lesión de Juanma.

Está tirando la puerta del primer equipo, rindiendo fuera de sitio y convirtiéndose ya en una amenaza para Jorge y Negredo si no alcanzan pronto el nivel que les corresponde. Álvaro debe ser uno más dentro de la rotación del primer equipo por méritos propios y visto lo visto en este inicio de temporada. Desconozco el por qué Pacheta le descartó para visitar al Atleti B, quizá para ayudar a enderezar al Vetusta igual que hizo con Jandrín la semana anterior. Pero a día de hoy no hay mayor prioridad que la primera plantilla y el meterse cuanto antes en los puestos altos de la clasificación para opositar al playoff más temprano que tarde, por lo que si Álvaro Cuello rinde a buen nivel no hay por qué bajarlo recupérese quien se recupere.

Jandrín no necesita carta de presentación, su participación con los mayores va in crescendo desde que debutase la temporada pasada pero quizá es ahora cuando más cómodo se siente y goza de mayor protagonismo. La lesión de Abásolo le abrió la puerta y aprovechó la oportunidad, pasó por encima de un Nano que destaca más como lateral que como volante y en Lugo se marcó un señor partido en la primera ronda copera. El andaluz parece del gusto de Pacheta para dar profundidad como carrilero y Paul parece más cómodo con libertad por dentro que pegado a la banda, así que la hora de Jandrín podría llegar de nuevo. Le falta mejorar el último pase, hacer buena la última elección para ser decisivo en los metros finales como lo es su compañero Xavi Moré; lo ganará con partidos, tiene lo demás.

Los dos chavales aportan frescura, desparpajo y ganas, dotan de más variantes al técnico y aumentan la competitividad interna del vestuario. Tanto uno como el otro rinden en dos posiciones, si un compañero baja la guardia pueden entrar en el equipo con un rol distinto al de la semana anterior y viceversa. Pacheta se siente cómodo en el banquillo cuando da con la tecla, es entonces cuando apuesta por un once fijo y prima la máxima de “lo que funciona no se toca”. Por eso los cambios, por eso las dudas en el inicio y los bandazos del equipo en las primeras semanas. El 4-2-3-1 es inamovible tras la nefasta primera media hora del Domingo y ahora sólo queda rematar tres o cuatro piezas del once una vez que la Copa del Rey ha quedado atrás y la competición vuelve a ser cada siete días. El curso pasado fue Pascual quien rindió sobresaliente con confianza, ahora pueden ser Álvaro Cuello y Jandrín. Es hora de ser valiente con los guajes.

Foto: Magazine Oviedista

1/9/11

Lugo 1-3 Real Oviedo: carácter copero

Victoria para elevar la moral, para recuperar la confianza y la autoestima del grupo después del mal inicio liguero. Ayer los azules mordieron en la segunda parte, recuperaron la intensidad que le pide Pacheta a sus equipos y supieron sufrir para defender una renta inmerecida incluso cuando el gol lucense espoleó a los locales en búsqueda de la heroica. Aún así el 1-3 no puede empañar las malas sensaciones que dejó la primera parte, persisten errores ya vistos ante Leganés y Toledo.

No salió el Real Oviedo metido en el partido, los veinte primeros minutos fueron de acoso y derribo del Lugo, un equipo que se organiza a partir del balón y que disfruta con la posesión. Jugaban los de Quique Setién a placer, Rubén García y Zarandona dieron velocidad a la circulación con uno y dos toques y la segunda línea no tuvo problema para recibir de espaldas y girar. La presión azul volvía a ser infructuosa, se llegaba un segundo tarde a cada acción y los cambios de orientación hicieron sufrir a Owona y Álvaro Cuello. Solamente Dani Barrio y la mala puntería lucense mantenían el 0-0; mención especial para el guardamenta azul, que realizó paradas de mérito y sostuvo al equipo cuando no se tenía en pie.

Pacheta aprovechó una interrupción para corregir a Rubiato y Martins; cerraron mejor las líneas de pase y no dieron tiempo a Rubén García para jugar cómodo. La fe subió, Falcón y Pelayo crecieron y las señas de identidad de robo y profundidad volvieron. Una carrera increíble de Jandrín propició el error de Belforti en la cesión para el tanto de Rubiato. Nunca con tan poco se consiguió tanto y la sensación en el Ángel Carro era de que el destino le devolvía al Real Oviedo lo que le quitó en la segunda parte ante el Toledo. Antes del ecuador nuevo arreón del Lugo, espoleado por un Quero bullicioso y hábil en el 1vs1; allí estuvo de nuevo Dani Barrio.

El equipo supo que no aguantaría otros cuarenta y cinco minutos como los primeros, había que buscar la sangre y no defenderse como gato panza arriba. Robo en la transición y salida fugaz con Martins y Xavi Moré, definición perfecta de ambos para el segundo. Con el Lugo grogui llegó el tercero a balón parado: fortaleza ofensiva y debilidad defensiva en la estrategia, los gallegos llevaron peligro a pesar de la altura oviedista. Con el 0-3 llegó el repliegue y el oxígeno, por fin Pacheta tuvo efectivos para el 4-5-1 con Aitor Sanz en el mediocentro y Pelayo adelantado. A pesar del gol local no se sufrió en exceso, el equipo tuvo empaque y oficio para defender lo suyo.

Buena segunda mitad de Falcón, que se encontró cómodo con Aitor Sanz y Pelayo abarcando toda la zona ancha; acabó fundido pero ayer dio un paso enorme para ser recuperable. El Lugo volcó todo en la izquierda con Quero y el lateral Manu, pero Owona y Xavi Moré estuvieron perfectos aguantando el empuje de los de Quique Setién: muchos kilómetros del catalán y contundencia y seguridad en el 1vs1 del camerunés, que suplió lagunas tácticas y de posicionamiento con un físico sobrenatural. Las deficiencias en el lateral se notan menos que en el centro de la zaga, Pacheta debe decidir dónde alinearle pero también asignarle un rol fijo cuanto antes.

La entrada de Nano cerró la banda izquierda, Jandrín hizo el trabajo sucio y desgaste, el andaluz echó el resto. Los cambios de Pacheta aportaron un plus en lo físico y en frescura, los últimos veinte minutos fueron plácidos en comparación con el resto del partido e incluso pudo llegar el cuarto en las botas de Óscar Martínez. El oficio que se echó en falta en Leganés tras lograr el empate, o el que ni apareció ante el Toledo, volvió en Lugo ante un rival directo para devolver la confianza a un vestuario tocado.

Todos los disponibles han actuado ya, todos se sienten importantes porque han sido los teóricos suplentes los que han recuperado la autoestima del grupo. El partido de ayer debe servir también para aumentar la competencia interna porque Pelayo, Jandrín, Rubiato o Dani Barrio demuestran merecer sitio en el once, otros como Falcón o Owona, que pueden ser aprovechables. El grupo necesitaba la victoria y no había más que verles las caras al despedir a la afición sobre el césped del Ángel Carro. Ahora toca refrendarlo ante el Celta B y engancharse a la Liga.

Foto: Magazine Oviedista