19/12/10

Real Oviedo 0-0 Real 'B': empate a nada

Dos partidos se jugaron en el Carlos Tartiere, uno sobre el césped y otro en la Puerta 0 del Estadio, donde la afición ganó por goleada y dejó claro una vez más que no descansará hasta que Alberto González y sus secuaces dejen de tener algo que ver con el Real Oviedo. Casi 3000 personas en los aledaños del Tartiere, medios de comunicación de todo el país para demostrar que el oviedismo mueve montañas y que esta afición hace del Real Oviedo más que un club.

Sobre el verde José Manuel introdujo novedades respecto a los últimos partidos, cambio de sistema y de jugadores para enfrentarse a la Real ‘B’. Nueva línea defensiva, con la deseada pareja Negredo-Gonzalo como centrales y con López Ramos ganándole la partida a Richi en el centro de la defensa; Jorge Rodríguez como pivote por delante de la línea de cuatro y cubriendo las espaldas de Aitor Sanz y Pelayo, con más libertad para aparecer desde segunda línea que con el anterior sistema. Xavi Moré y Jandro en las bandas con Perona como ‘9’, Manu Busto relegado al banquillo.

Salió el filial donostiarra a llevar la manija y controlar el balón sabiendo de los apuros azules. Los de Kodro dieron sentido al juego a través de la posesión, con Javi Ros y Eizmendi omnipresentes. Fueron un equipo compacto los txuri urdin, defensa en pocos metros para facilitar las ayudas mientras que al Oviedo se le hacía muy largo el campo, líneas separadas y dificultad en la conexión. Tan sólo cuando los azules robaban en zona de 3/4 eran capaces de crear cierto peligro aprovechando espacios y la velocidad de Xavi Moré. La Real ‘B’ tocaba con pausa y buscaba la espalda de los azules en cualquier zona del campo para moverse entre líneas y dominar aunque sin inquietar a Aulestia.

Nada que reprochar a la actitud de los oviedistas, muchas ganas de agradar y nivel de activación demasiado alto que se tradujo en faltas a destiempo, alguna amarilla injustificada y pérdidas en las segundas jugadas por no ser capaces de mantener corazón caliente y cabeza fría. La afición ha de estar con todos los jugadores porque son ellos los únicos que pueden sacar adelante la situación, se necesitará de todos y cada uno de los miembros de la plantilla, nunca pueden sentirse sólos. Es el momento del refuerzo positivo, ánimo en lugar de reproche aunque las cosas salgan mal porque en la situación en la que está el equipo el más mínimo silbido es una montaña.

En la primera parte se abusó de la conducción y en la segunda la pelota quemaba en los pies de los azules; el partido se convirtió en un monólogo donostiarra en lo que a posesión se refiere. Pelayo pidió el cambio, gran gesto de un enorme futbolista hacia la grada para que no se silbase su sustitución: serenidad de veterano, impresionante el chaval. Entró Nano y se partió el equipo, no por demérito del andaluz sino porque sin superioridad numérica en el centro la Real Sociedad tocó a su antojo. Castells era el cambio natural, después Manu Busto por Perona para jugar sin punta, ayudar en la creación y crear espacios a la espalda. José Manuel no lo vio así aunque casi le sale bien la jugada en la primera acción del cántabro con asistencia a Miguel.

Superlativa la pareja de centrales, Negredo y Gonzalo ganaron todas las acciones a Orbegozo, que se dio una auténtica paliza física durante todo el partido. Impecables por arriba y en el corte, supieron compenetrarse a la perfección para no sufrir en los balones al espacio. Correcto Jorge, sin alardes, cumplidor en defensa en función escoba pero nulo en la creación; demasiado sólo Aitor Sanz, que va a más con el paso de los partidos pero al que el colectivo no acompaña para terminar de destacar y reconocer su trabajo. Jandro fue el más desacertado, no dio una a derechas con balón ni sin balón, no está en su momento como tampoco lo está Perona, incapaz de ver portería en las últimas diez jornadas.

Estamos a un mundo de ser un equipo competitivo, no creamos peligro, el Oviedo da la sensación de ser indefenso ante cualquier rival mínimamente capaz. Se desaprovechó la ocasión de sumar ante rivales como la Cultural, el Zamora o el Caudal y ahora llegan las urgencias ante Unión de Irún y Logroñés a domicilio, el más difícil todavía. El presente deportivo pinta mal pero esta semana por fin asomó una pequeña luz al final del túnel. Toca esperar acontecimientos, la segunda mitad de temporada será muy larga.

Foto: lne.es

14/12/10

Si no se van, échalos

No apetece hablar de lo deportivo, el día a día nos destruye, el equipo va a la deriva y la lucha de la afición parece un imposible. El Domingo todos debemos estar en la puerta cero del Tartiere, Oviedo ha de ser un clamor contra aquellos que llevan a nuestro Club a la destrucción, consiguen desde dentro lo que no consiguieron desde fuera. Hay que sacar fuerzas de donde no las hay para una batalla más, una tan importante o más que la del 2003.

Cada jornada más hundidos en la clasificación, José Manuel ha conseguido el más difícil todavía que es empeorar los números de Pichi Lucas: cuatro puntos de quince posibles, siete jornadas sin ganar que dejan al Real Oviedo al borde del descenso. El paralelismo con la 06/07 es evidente: inicio irregular, parches en el banquillo que empeoran aún más la dinámica y descalabro final. Esta plantilla es muchísimo mejor que aquella (con sus muchas limitaciones), pero el problema de este equipo hace tiempo que dejó de ser futbolístico.

Un jugador no puede dar rendimiento si no cree en lo que está haciendo, si no confía en su entrenador o si ve que el técnico va sin rumbo y sin ideas. Si quien manda no es capaz de inculcar, cada jugador busca su propio remedio, cada uno por su lado. Nunca el Real Oviedo ha sido un bloque, nunca ha dado el vestuario la impresión de ir a muerte con su entrenador, ni primero con Pichi Lucas ni por supuesto ahora con José Manuel, que en una semana ya tenía a gran parte de los futbolistas en pie de guerra. Si el partido es una guerra individual se convierte en pachanga, al menos por nuestro lado: sesiones de entrenamiento que sólo sirven para cargar piernas y mantener tono físico (sic) porque después en el césped cada uno juega con uno mismo, aunque lo haga pensando en el bien común.

Ya no se trata de éste o ése sistema, de darle la titularidad a uno u otro. En algunas posiciones juegan los mejores, en otras no; nadie rinde. Jorge Perona demostró la temporada pasada su valía, tiene la indiscutibilidad en el once pero no ve puerta de ninguna manera; Manu Busto es una sombra de lo que fue hace ocho meses; Aulestia ya no es salvador sino que es señalado por la afición. Los nuevos siguen la tendencia, Falcón pasa de clave en un Cartagena a las puertas de la gloria al ostracismo absoluto, lo mismo que Marc Castells; de otros vale más no comentar nada porque ellos mismos se dejan en evidencia con sus actuaciones y con sus gestos.

En las arcas no hay un céntimo, traer a un entrenador capaz de invertir la dinámica, recuperar el vestuario y devolver la confianza a los jugadores en ellos mismos y en lo que se hace es un imposible. Es la hora de la autogestión, que la plantilla se conjure para ir todos a una y ser fuertes a partir de la unión del vestuario. Que José Manuel pinte poco, que salga quien salga se confíe en el compañero y en el equipo. No es algo nuevo, quien siga actualidad deportiva verá que hace escasas semanas en la NBA los Miami Heat hicieron una reunión de puertas a dentro sin entrenador para analizar el mal arranque de competición; desde entonces, pleno de victorias de los Beach Boys aún siendo los mismos hombres. Nada de camas al técnico ni forzar salida sino buscar el bien común y la manera de hacerlo.

Aulestia, Manu Busto, Jorge Perona, Jandro, Negredo, Aitor Sanz, Falcón, López Ramos … todos ellos tienen muchas batallas a sus espaldas. Ellos deben guiar al vestuario fuera del césped, dar un paso adelante y coger la responsabilidad. Los jóvenes (Pelayo, Jandrín, Castells, quizá alguno más del Vetusta) deben dedicarse a jugar y disfrutar, ser receptivos respecto a los veteranos y olvidarse de lo externo cuando ruede el balón. En el fútbol no todo es calidad y técnica, la psicología es básica y si este equipo está cómo está es porque no cree en sí mismo.

La afición no debe olvidar que los enemigos están en el palco (y en la sombra) pero que los jugadores son los que deben salvarnos el cuello por el descenso. Están sólos, ahora más que nunca, y no podemos permitirlo. Es difícil y puede que injusto pedir el esfuerzo de apoyar cuando se ve lo que estamos viendo cada fin de semana pero debemos tomar nota de otras aficiones, como la del Athletic: cuanto peor es la situación más se vuelca con sus jugadores. Y el Domingo, antes del partido contra la Real ‘B’, a dejar bien claro que QUEREMOS A ALBERTO FUERA.

#sinosevanechalos