10/7/11

Hasta siempre, capitán

Por la puerta de atrás, sin despedirse de la afición y sin que la parroquia azul pudiera darle el último aplauso; así ha salido Oinatz Aulestia del Real Oviedo, exactamente igual que en su día salió Diego Cervero. Más allá de criterios deportivos y de opiniones dispares, estas no son formas con alguien que ha defendido nuestra camiseta durante cuatro años con orgullo, valor y garra, que ha representado como nadie el sentir del oviedista y que ha portado el brazalete de capitán durante el último curso.

La ineptitud de José Manuel como director deportivo va más allá de las plantilla configuradas, todas ellas contaron con buenos futbolistas. Su incapacidad se demuestra en el trato ante los medios, en sus declaraciones y sobre todo en la forma en que ensucia el nombre del Real Oviedo con su forma de actuar con futbolistas, representantes y otros clubes. Aulestia no es el primero, antes salieron de igual manera Rubén García o Javi Barral, también dejó tirados y sin equipo a jugadores a los que se prometió fichar para luego echarse atrás. El esperpento del Jueves negando conversaciones con el Cádiz por Oinatz y con la Gimnástica por Iván Crespo no tiene nombre.

Ya sólo queda Pelayo como superviviente del ascenso en Mallorca, pero la historia de Aulestia empezó un año antes. Varapalo 4-1 en Caravaca, toda la afición azul esperando a Lobo Carrasco a las puertas del Estadio, Oinatz animando a sus compañeros y convenciéndoles a ellos y a nosotros mismos de que la remontada era posible; empapeló el Requexón durante la semana, fue el primero en creer en el milagro y durante 70 minutos fue real porque ahí estaba el 3-0. Fue en esa eliminatoria donde vi a uno más para la causa.

Héroe en Son Moix por detener el penalty de Kevin, sin embargo la eliminatoria la ganó en el Tartiere con el mano a mano que le sacó a Sergio Tejera. Un gol balear en la ida y con 0-0 hubiese sido casi definitivo, aún no sé cómo sacó ese guante Aulestia cuando todos los que estábamos en ese fondo mascábamos la tragedia de nuevo. Nadie se merecía más que él y Cervero salir en las dos fotos del ascenso: la del gol en Oviedo y la de la parada en Mallorca. Las lágrimas eran auténticas, las palabras sinceras y los cánticos espontáneos, el vasco ya era un sufridor más celebrando salir de las catacumbas del infierno.

Con sus virtudes y sus defectos, Aulestia se convirtió en uno de los referentes del oviedismo sobre el césped. Se echarán de menos sus paradas y sus reflejos, pero también su compromiso y su liderazgo dentro del vestuario, Oinatz era de los pocos que sabía dónde estaba, para qué estaba, y qué significa vestir esta camiseta. Simplemente desearle mucha suerte en Cádiz a nuestro capitán, siempre será uno de los nuestros.

¡ESKERRIK ASKO OINATZ!

ENTREVISTA A OINATZ AULESTIA

INDISCUTIBLE ES EL UNO, OINATZ AULESTIA

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3/7/11

Petr Dubovsky, requiem for a genius

El recuerdo en Ovieditis llega tarde, hace ya diez días del udécimo aniversario de su muerte, pero más vale tarde que nunca. Once años sin el genio eslovaco, sin duda alguna el jugador con más talento que mis ojos hayan visto con la camiseta azul. Ídolo de mi infancia, él y Paulo Bento eran mis referentes y los que más me hacen añorar tiempos mejores en los que Barça y Madrid caían en el Tartiere como si tal cosa.

Se hizo grande en el Slovan Bratislava, conquistó la Liga checoslovaca y se hizo un nombre, mejor jugador de su país con sólo 21 años para convertirse en una de las promesas del fútbol europeo a principios de los 90. Con esa vitola llegó al Madrid, donde no gozó de oportunidades por culpa del límite de extranjeros que aún regía en nuestra Liga antes de la llegada de la Ley Bosman. Competir con Zamorano, Laudrup y Redondo por un puesto en las alineaciones era misión imposible, Petr vivió a la sombra pero ese año le sirvió para adaptarse a la vida española y a la Liga, también para aprender al lado de los grandes.

Llegó a Oviedo sin hacer ruido, casi nunca lo hacía. Cinco temporadas de azul, el único capaz de sacar lo mejor y lo peor del público carbayón. Genio como pocos, esa misma calidad le unía a una intermitencia que en ocasiones irritaba al Tartiere. Jugador de sangre fría y técnica a raudales, no casaba con el estereotipo de ídolo oviedista pero siempre aparecía si su equipo le necesitaba. Cuando cogía la pelota en zona de tres cuartos y encaraba en carrera pocos podían pararle, dominaba la izquierda pero no le hacía ascos a la diestra, era resolutivo a balón parado e infalible desde los once metros.

Los recuerdos son vagos, no puedo más que relatar goles sueltos o jugadas que puedo degustar gracias a internet. Sí me acuerdo de los comentarios en la grada, de que en los partidos a vida o muerte siempre salía el nombre de Dubovsky, de que pensaba que si llevaba el '10' por algo sería. Guardo con cariño su autógrafo, lo vi en Salesas con Paulo Bento e Iván Iglesias, y mientras todos esperábamos a que mi hermana mayor llegase con el boli, ellos discutían sobre a quién le tocaba pagar el parking.

Se echó al equipo a la espalda en la eliminatoria de promoción ante Las Palmas, para enmarcar su partido en el Tartiere ante los canarios. Él ponía las gotas de fútbol, marcaba las diferencias con una suficiencia insultante cuando se lo proponía. Cuando de verdad se sentía importante asumía los galones, cogía la responsabilidad y ejercía de líder y salvador; se sentía cómodo en los partidos decisivos. Antes de dejarnos nos regaló el gol de la salvación ante el Rayo Vallecano en Vallecas, fue su último obsequio al oviedismo.

Tengo presente como si fuese ayer el día de su muerte. Excursión del instituto, último día del curso, recuerdo que fuimos a la montaña. Al llegar a casa todos me miraron con cara de circunstancia, fue mi tía la primera que me lo dijo. No me lo creí, pensé que se trataba de una broma de mal gusto pero entonces daban la noticia en Telecinco. Empecé a llorar y no paré hasta el día siguiente, no daba crédito. Lamentablemente el fútbol se está acostumbrando a la muerte de sus chicos pero Petr fue el primer caso que nos tocó cerca por entonces, ninguno supimos actuar.

Aún sigo esperando a que el Real Oviedo nombre a las puertas 10 y 11 del Carlos Tartiere como Petr Dubovsky y Armando Barbón, y que sendas camisetas adornen en el Estadio para hacer de ese rincón un lugar de peregrinación y recuerdo oviedista. La Federación Eslovaca ha puesto su nombre al trofeo al mejor jugador Sub-21 del país. Nosotros podríamos recuperar el trofeo veraniego bajo el nombre de Petr, emociona pensar una primera edición con el Slovan Bratislava y el Real Madrid. Nunca es tarde para el recuerdo.

Petr, allá dónde estés sabemos que estás con nosotros. Ayúdanos a volver dónde estábamos cuando tú te fuiste.

¡ETERNO DUBO!