7/11/10

Se rompió la cuerda

Debacle que colmó la paciencia del Tartiere, una afición hastiada que ve cómo se pierden tres puntos en tres minutos. Pichi Lucas no quiso cambiar de primeras y cuando intentó el golpe de timón ya era tarde; no supo leer la situación a tiempo igual que en los partidos. Nadie recordará los buenos minutos ante el Lemona sino el varapalo final, un equipo roto a la deriva.

Nunca propuso soluciones, las ruedas de prensa iban de disculpa en disculpa, no había mensaje alguno. Seguir trabajando, tópico para escapar a la realidad y eludir el análisis, nunca hizo autocrítica pero no se cortó a la hora de señalar la responsabilidad de los jugadores como ya hiciera la temporada pasada. Un entrenador debe señalar en el vestuario y defender en la sala de prensa pero el berciano hace exactamente lo contrario.

La afición se las sabe todas, nadie está libre del fallo pero lo que se valora es la reacción posterior. No valen los paños calientes, las excusas o las respuestas esquivas, puedes equivocarte pero tienes que coger el toro por los cuernos. Pichi Lucas nunca supo calar en la '12' y sus declaraciones victimistas sólo sirvieron para tensar aún más la cuerda.

De lo que pasaba a ras de césped ya está todo dicho, todos conocemos las virtudes y los defectos del técnico berciano. Un conjunto sin identidad, mal trabajado tácticamente, sin disciplina de pizarra, débil en la estrategia y sin hechuras de equipo grande cuando tocaba nadar y guardar la ropa. Decisiones incomprensibles en la gestión de la plantilla le pusieron en la picota y el Consejo sabe que mantenerle contra la opinión pública es contraproducente para ellos. Ahora la pelota está en manos de Alberto: si pone un parche todo estallará. Si es capaz de renunciar a Mata y decide que es el momento de salir vivo, David Vidal será el hombre. Sarriugarte, Duque, Pablo Alfaro, la lista es larga pero nadie de los que valen la pena vendrá para ser marioneta.

Actualización: José Manuel nuevo entrenador del Real Oviedo. No tenemos ni un euro para traer a nadie, no les queda más remedio que exponerle a los focos y al grito del aficionado, es el momento de abrir fuego porque si no estos mangantes (que no magnates) nos hacen desaparecer.