28/2/13

Encrucijada Sarriugarte

Entrenador en el ojo del huracán, mirar al banquillo es el tópico más recurrente en el mundo del fútbol cuando vienen mal dadas, igual que cuando se justifica una derrota en base a la falta de actitud de los futbolistas que han saltado al césped. Cuerpo técnico y plantilla han de convivir con la crítica y el debate; unas veces será justo, otras no tanto, pero la exigencia va acorde a la entidad, la historia y la necesidad imperiosa (y vital) por salir de la Segunda B.

Tópico unas veces, justificado en otras, la realidad es que se mire por donde se mire el entrenador es el mayor responsable de los resultados de un grupo. Capataz, líder y dirigente, cabeza visible de todo un equipo y su trabajo, cuando uno se sienta en el banquillo ya sabe lo que le espera. Ganan los futbolistas y pierden los entrenadores, la injusticia es así en el Real Oviedo y en todos los sitios. Basta con mirar a los dos grandes de nuestro fútbol:  la manera de menospreciar los títulos del Barça diciendo aquello de que "esa plantilla no necesita entrenador". Ahora que su jefe está ausente por enfermedad, el Camp Nou se tambalea.

Para ser un buen líder has de dominar todos los campos, controlar el mensaje y saber transmitirlo. El éxito de un entrenador va más allá de sus conocimientos sobre el juego porque el fútbol cada vez abarca más campos. El Real Oviedo cumple los requisitos por masa social, cobertura informativa, también por historia. Tan importante es lo que se hace como lo que se dice, de puertas adentro y de cara al exterior. Igual que un técnico seduce a su vestuario y le convence de que su camino y sus formas le van a llevar al triunfo, ha de hacer lo propio con afición y medios. Será la manera de que todos vayamos a una, casi tan importante es un 'hábitat' como el otro.

Sarriugarte se equivoca más en el mensaje y en las formas que en otra cosa. Nadie está a salvo del error, menos alguien que está bajo los focos y permanentemente juzgado. Decisiones deportivas erróneas, las ha tenido Sarriugarte como las han tenido los demás, predecesores y compañeros de profesión en otros equipos. El mayor debe de Félix está en la comunicación verbal, y lo primero que debe comprender es dónde está, hacia quién se está dirigiendo, y su contexto. Más actor que mentiroso, la importancia radica más en el cómo que en el qué se dice, siendo los dos de suma envergadura.

El objetivo sine qua non de este equipo ha de ser el ascenso, por capacidad de plantilla y también por necesidad económica de la entidad. Cada año fuera de LFP es una condena, que se haya sobrevivido hasta aquí no quiere decir que podamos hacerlo indefinidamente. Sabiendo la dificultad de superar tres eliminatorias en Mayo y Junio, la forma más sencilla para alcanzar el objetivo es conquistando el primer puesto de grupo. Ahí se ha de enfocar la ambición del grupo, siendo conscientes de que un rival como el Tenerife puede ser mejor que tú. Si es así, se le reconocen los méritos, se le da la mano, y a seguir. Pero has de competir por ello y transmitir esa ambición.

Cada rueda de prensa es una demostración de actitud defensiva: Sarriugarte intenta proteger su trabajo recordando errores pasados que están reconocidos por todos. Comparación que le deja en mal lugar respecto a sus 'colegas'; cierto o falso, escudarse en resultados de otros no es el camino. Hace mal en equiparar su temporada con otras, al menos si no tiene en cuenta todas las variables que cambian de un año respecto a otro, que son muchas en el plano deportivo e infinitas en lo social tras la expulsión de Control Sport y el éxito en la ampliación de capital. Sacar estadísticas solo cuando interesa no es de buen recibo, ni por supuesto consigue involucrar a nadie. Más bien, el efecto del mensaje es boomerang, se vuelve contra él y su plantilla.

Sarriugarte ha de coger el toro por los cuernos, asumir dónde está y cuál es la realidad del Real Oviedo. Más autocrítica de puertas afuera, defender a su plantilla y sus resultados sin necesidad de reproches ni justificaciones absurdas que lo único que consiguen es cuestionar el fondo. Aduladores y detractores siempre estarán ahí, pero ganarte la consideración del Tartiere es el primer paso. Y eso comienza por no incendiar la rueda de prensa recriminando cada crítica, si no asumiéndola y trabajando para corregirla.

Foto: @Jonas_Sanchez