5/2/12

Anxo Carro, la guerra de los mundos

Partido para dignificar la Segunda B igual que lo está haciendo el Mirandés en Copa del Rey. Cualquiera que viese el partido de hoy en el Anxo Carro habrá pensado que estaba ante dos equipos de superior categoría, por intensidad, por fútbol y por ambición, también por el azul que teñía las gradas. El sistema injusto priva a la Segunda de subir el nivel, que de cuarenta equipos asciendan cuatro no tiene lógica, la reforma de las categorías es necesaria porque ahora mismo la competición no es viable ni económica ni deportivamente.

CD Lugo y Real Oviedo, segundo y tercero en el Anxo Carro, un punto entre ambos. Espadas en todo lo alto, dos estilos definidos, muy distintos pero igual de efectivos, la clasificación no engaña. Salieron los de Pacheta a meter miedo desde el primer segundo: el saque inicial acabó en patadón largo de Diego Rivas fruto de la presión de Martins. El senegalés con Óscar Martínez en el ataque para ser más efectivos en el desgaste, más intensos en la segunda jugada, para tener más opciones en la disputa. Manu Busto en el banquillo para salir a decidir los últimos 20’, ése era el plan.

Inicio calcado al de Valdebebas, jugada por banda derecha de Abasolo que acaba en gol de Óscar Martínez. El gallego es el oportunismo personificado, igual que en Vigo, igual que ante el Castilla, estuvo ahí para meter la puntera en el área pequeña y ponernos por delante. Pudo hacer el segundo desde cuarenta metros, tuvieron los azules triple ocasión tras saque de esquina, los de Quique Setién estaban desbordados por el vendaval oviedista. Se mascaba el 0-2, por eso hizo tanto daño el empate. Los futbolistas lo veían desde dentro tanto como los aficionados desde fuera, difícil de digerir ver las tablas en el marcador de nuevo.

Fue el momento de Lugo, su cuarto de hora para poner el partido de su lado. Apareció el ansia en los de Pacheta, la sobrexcitación por devolver el premio a los 2000 oviedistas desplazados y deshacer el empate. Esa ambición mal entendida lleva a una presión descoordinada, cada uno por su cuenta; las líneas se separan, se llega medio segundo tarde a la segunda jugada, el futbolista corre más para corregir el defecto táctico. Es un bucle con difícil salida, ahí el Lugo estuvo cómodo porque con espacios para recibir y girarse en zona de 3/4 son los mejores. Belencoso perfecto de espaldas, Rubén García maestro para llevar el cuero de un lado a otro, hicieron daño los de Quique Setién por derecha e izquierda con situaciones de 1vs1 e incluso 2vs1.

Pacheta mandó a los suyos atrás, defender en mediocampo azul, juntar líneas y regalar posesiones largas pero intrascendentes a los lucenses para volver a ser bloque y aumentar la confianza del colectivo, para cortar la hemorragia de llegadas al área de Lledó. La idea funcionó, poco a poco los azules fueron creciendo en el partido, Quero no fue tan peligroso como en los minutos locos de ida y vuelta, se volvieron a ganar segundas jugadas, tímidas llegadas de Abasolo y Owona por la derecha para volver a infundir respeto en el Lugo, para que la balanza volviese a equilibrarse cara a la segunda mitad.

Tras el descanso llegó el tanteo, minutos de desgaste por ambos equipos esperando el resquicio en el rival para hacer daño, solamente Martins llevó peligro a las áreas hasta que Nano apareció. En la primera mitad el peligro llegó por la derecha, no por desaparición del andaluz sino porque sus compañeros inclinaron el partido al otro costado. En su primer 1vs1 dejó en evidencia a Aitor, Rubiato arrastró al primer palo y Abasolo apareció en el segundo para hacer el 1-2. Repitió titularidad y repitió acierto goleador, un tanto para que su confianza vuele, Paul ya es uno más de la causa oviedista por el ascenso como son el resto de sus compañeros.

Minutos cómodos de los de Pacheta, Nano tuvo la sentencia pero su chut fue al travesaño, una vez más los detalles que marcan un partido. El míster dio entrada a Manu Busto con 20’ por delante para sentenciar con la fórmula Setién, con el Lugo estirado en busca del empate se abría el panorama para que el cántabro hiciese de las suyas a la espalda de Pita y Rubén García. Teo completaba el plan entrando por Abasolo, la idea de Pacheta era aumentar la renta y no defenderla, por eso no entró Juanpa para jugar con doble lateral. Los locales sólo achuchaban a balón parado, Lledó voló para evitar el empate pero el 2-2 llegó donde nunca puede hacerlo, tras saque de esquina. Mal defendido, Belencoso remató sin marca rodeado de cuatro azules, Álvaro y Lledó se estorbaron para atajar bajo la línea.

Habría que sufrir, el achuchón gallego era previsible pero el partido murió en área de Diego Rivas. La tuvieron Pelayo y Rubiato en el descuento: al chaval le estorbó Manu Busto para rematar desde la frontal, al segundo le faltó un compañero que entrase para desviar la trayectoria del cabezazo y llevar el tercero a la gloria. No dio tiempo a más. El empate hizo justicia aunque siguiendo el símil pugilístico, a los puntos la victoria hubiese tomado rumbo a Oviedo. Noventa minutos de intensidad, de emoción, de tensión, noventa minutos de fútbol total, todos nos hemos divertido a nuestra manera.

El panorama es el mismo, seguimos a un punto del segundo aunque con el Rayo B, elemento distorsionador, por el medio. El Real Oviedo compite en casa de los grandes, el Tartiere es un fortín. Todos han de visitar Vetusta salvo el Tenerife, nuestro Estadio dictará sentencia. Cada semana la tabla da vuelcos, se suceden los duelos directos, sigue quedando un mundo, se nos hará muy largo. Este equipo y su manera de competir es para ser optimistas, cada día confío más en el liderato aunque el Castilla esté a dos partidos de distancia. Amigos, abrochémonos los cinturones porque nos esperan emociones fuertes.

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Fotos: LaVozdeAsturias.es, Lne.es